Ubicado en un emblemático edificio de la calle Ortega y Gasset con vistas a los jardines de la Fundación March, este proyecto aborda la reforma integral de la vivienda. El encargo partía de una idea clara: devolver a la casa su esplendor original, manteniendo el clasicismo de la arquitectura, al tiempo que se actualizaba la distribución para adaptarla a una forma de vivir más actual.
La intervención respeta las proporciones y el carácter señorial del edificio, redefiniendo los espacios. La madera actúa como hilo conductor del proyecto, aportando continuidad y calidez, en diálogo con mármoles seleccionados, suelos de piedra, paredes encaladas y detalles en latón. La materialidad se convierte en un lenguaje silencioso, donde cada elección responde a un equilibrio entre sobriedad, sofisticación y atemporalidad.
La decoración combina piezas singulares procedentes de anticuarios de distintos puntos de Europa con mobiliario diseñado a medida por el propio estudio. El arte ocupa un lugar central y se integra de forma natural en los espacios, dialogando con la arquitectura y el mobiliario. El resultado es un interior sereno y sofisticado, que refleja una forma de entender el interiorismo basada en el tiempo, la materia y el equilibrio.